Pero lo que en el cuadro de Ingres es claridad en el de Dalí es confusión, oscuridad. Apenas se distinguen las diversas figuras de la escena, las cuales han sido trazadas con un dibujo bastante clasicista. Sobre ese fondo oscuro los perfiles de los cuerpos resaltan con sus vivos colores, como si fueran fluorescentes, efecto que convierte en más extraña la composición.
El cuadro también ha sido titulado San Jorge y la doncella porque los protagonistas son los mismos que en la historia de Ruggero y Angelica.
Existe en el arte de Salvador Dalí un lugar siempre para el sentido del humor, que a veces puede desembocar incluso en ironía. En el cuadro el dragón, terrible ser que supuestamente desencadena la acción, es de unas dimensiones ridículas por lo pequeño.
Además, ese Ruggero o San Jorge, como se prefiera, ha cambiado la tradicional lanza por un arma mucho más moderna, el rayo láser, cuyo haz recto rompe con precisión la oscuridad. En una mezcla de sentido del humor y fe en la ciencia, el láser-lanza separa con rotundidad las dos mitades del lienzo.
Dos años antes, en 1972, Dalí había tenido ocasión de asistir a una demostración en vivo del uso del rayo láser, y había quedado intrigado por las posibles aplicaciones que podría tener en la pintura.

